Si al hablar de Los amores perdidos de Miguel de León lo resumiera diciendo que es la historia de amor entre Arturo Quíner y Alejandra Minéo, estaría siendo injusta y superficial. Esta novela es de esas que cuentan más en los detalles silenciosos que en los hechos del argumento. Si fuese una fotografía, lo más relevante no sería lo que aparece en ella, sino los colores, el encuadre, la luz, la perspectiva, las emociones… más allá de la sinopsis.

Miguel de León

Es un autor canario, de La Laguna en concreto. Y, subjetivamente, creo que esa es toda la información necesaria sobre este escritor para poder empezar a leer Los amores perdidos. Por supuesto, si queréis saber más sobre él, pinchando aquí iréis a la página de la editorial donde podréis acceder a unos breves párrafos biográficos. Interesantes, sí, pero no tan valiosos para la lectura como el hecho de ponerle a la voz narrativa esa cadencia tan propia del habla canaria, incluso diferenciando por islas… ¡el afortunado que pueda!

La buscó por rincones, inéditos para él, hasta que la encontró en un lóbrego almacén de ropa, llorando a lágrima viva. Alfonso se sentó en el suelo, a los pies de ella. Asustado, le estrechó las manos y se las besó. Matilde se deslizó hasta al suelo, se echó en sus brazos y lo tuteó por primera vez:

—¡Llévame contigo!

—Es muy lejos. Pocos son capaces de señalar las Canarias en el mapa.

—No me importa dónde sea, sólo quiero estar contigo.

Se casaron aprisa para aunar la luna de miel con el traslado a la isla. Fue una travesía difícil a bordo de un antiguo buque correo, desvencijado e incómodo del que, sin embargo, guardarían un grato recuerdo. La última noche el tiempo amainó y ellos despertaron inquietos por la repentina calma del mar. Desde la cubierta de estribor contemplaron un amanecer grandioso. Lo comentaban diciendo que era imposible volver a vivir algo más hermoso cuando, al doblar el recodo de popa, se les escapó un suspiro de asombro al descubrir la silueta de la isla recortada sobre el fondo azul. La calima del amanecer impedía distinguir el horizonte y la isla parecía suspendida del cielo, con su volcán ingente y sus montañas de cartón piedra, coronadas de nieve.

—No es ella la que está lejos —susurró Alfonso—. Es todo lo demás. ¡Son ellos los desterrados!

tenerife_acantilados

El Terrero

La historia tiene varios escenarios, aunque hay tres predominantes: Madrid, Nueva York y El Terrero. Este último es un pueblecito canario, origen de los distintos hilos narrativos, cuya existencia Google Maps no tiene muy clara. Y las descripciones del autor y las menciones que este hace de sitios emblemáticos tampoco hacen mucho por esclarecer en qué isla concretamente se encuentra, quizás porque está en todas y en ninguna.

La ciudad y él eran desconocidos uno del otro, pero ella pronto le entregó estampas que se le harían entrañables y que durante toda la vida le vendrían a la mente cuando oyera pronunciar su nombre. Presencias para él bellísimas aunque en muchos casos las hubiese hallado en lugares desahuciados: el moribundo barrio de los Llanos, junto al antiguo lazareto, macerado por los incesantes alientos del bosque de chimeneas de la refinería, con sus ruinas de murallas, su edificio de la Pólvora, su castillo de San Juan, los viejos galpones del recinto de Industrias Químicas, desbaratados, rotos y percudidos de rojo por la pátina de siglos de inconfesables óxidos venenosos; los eriales del barranco de la Ballena, las construcciones desvencijadas de Guanarteme, dando la espalda para mirar al mar, con los pies hundidos en la arena húmeda de la playa de las Canteras; los edificios cenicientos de las Alcaravaneras en el estruendo colosal del devenir incesante de coches; las humildes y sencillas casas de los antiguos barrios de pescadores de la Isleta y del Pilar; y, cómo no, el señorío urbano de los cascos antiguos de Vegueta y La Laguna.

Sea este o no un bonito recurso técnico para enterrar la animadversión propia del pleito insular, la verdad es que El Terrero en sí mismo consigue ser un microcosmos ejemplar para retratar lo que sucedía a una escala mayor en todo el territorio nacional durante las distintas épocas en las que transcurre la novela. Tiempos de guerra, de posguerra, de dictadura, de democracia, de laca y pantalones pitillo. Todos ellos tiempos en los que la honradez tenía las de perder.

tenerife_teide

Los amores, no todos perdidos

Son tantos los personajes cuyas trayectorias va engarzando Miguel de León a lo largo de las más de seiscientas páginas que componen la obra, que no es de extrañar que sean muchos los amores que encontramos al leer. Pero también hay odios, envidias, rencores, sacrificios y unas ganas enormes de perdonar.

Tensión sexual

Estructuralmente, hay dos partes muy bien diferenciadas: el pasado familiar y la historia de Arturo Quíner y Alejandra Minéo. En la primera, se habla de los orígenes, de cómo se entrelazan los destinos de los que en la segunda mitad de la obra serán los protagonistas indiscutibles. Y es en esa parte en la que se genera una tensión sexual no resuelta (¡tanta contención!) que mantiene al lector pegado a las páginas, porque sí, somos así de morbosos románticos, entre Alejandra y Arturo.

Frente a tanta incertidumbre le quedaban las viejas certezas. Ni por un solo instante, desde la primera tarde, había dejado de sentirse amada. No existía en el mundo fuerza capaz de hacerle creer que era ilusión el fuego que él escondía detrás de tanta ternura, de tanta dedicación y entrega a ella, detrás del agónico silencio que la atormentaba. El fuego en el que necesitaba incinerarse ya de una vez por todas, que la abrasó en el beso de la despedida y que permanecía en la imagen de su obsesión.

Adaptación televisiva de Los amores perdidos

De esto no hay noticia ninguna, es más un deseo personal que nace al leerlo, al intuir el estupendo reparto de esta historia coral, que ahí queda la idea por si algún productor se anima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s