Anna Casanovas publicaba esta primavera, con el sello editorial Titania Amour, la esperada historia de amor entre Adam y Charlotte. Pero, como sucede con las obras de esta autora catalana últimamente, nos encontramos muchos más sentimientos que el amor romántico y a personajes secundarios con una cara de protagonistas que dejan huella en todo el libro.

Anna Casanovas

No puedo decir que lo haya leído todo, todo y todo de ella, pero… casi, y creo que eso es indicativo suficiente para dejar claro que mi objetividad al respecto está seriamente comprometida. Sí, me gusta, y me gusta mucho lo que escribe, cómo lo escribe y, sin que sirva de precedente, el trato que da a las personas en las redes sociales, sean lectores o no.

Probablemente, donde más aumenta mi lista de pendientes es cuando entra en juego Emma Cadwell, pseudónimo que utilizó para publicar la serie Los guardianes de Alejandría. (Nota mental: Poner remedio a esto cuanto antes.) Sin embargo, hace ya muchos años que descubrí a los hermanos Martí. Y, por sorprendente que pueda parecer, todavía tengo fresca la sensación que me causó la historia de Ágata y Gabriel en Nadie como tú. De hecho, me recuerdo a mí misma leyéndola y pensando esto o lo otro. Y mis reticencias con A fuego lento, porque… bueno, Guillermo era Guillermo. También recuerdo la espera para conocer qué estaba pasando entre Helena y Anthony hasta que llegó Dulce locura. Y tras los Martí, que no están todos los que son pero son todos los que están, llegaron los Nualart (¡Ay, Sebastián…!), Las reglas del juego, Malditos bastardos (¡Sin prisas!), los tres mosqueteros de Little Italy en Vanderbilt, Cleo y Bellini, la Hermandad del Halcón… y los volúmenes independientes como Un beso al alba o Herbarium… ¿Objetivi… qué? Nah…

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¡Creo que tendré que ahorrar para poder leer Los guardianes de Alejandría. Oscuridad! Eso o versión Kindle

E igual que hemos ido creciendo todos como personas, creo que sobra decir cuánto se nota cómo ha crecido Anna Casanovas como escritora. Los cambios que ha ido introduciendo en su forma de narrar, arriesgando para modificar una fórmula que ya le había demostrado su eficacia, muestran una madurez muy agradable y, sobre todo, a mí me transmiten un interés por parte de la autora de no estancarse, de continuar transformándose y mejorar, quizás incluso de ser más ella misma o una versión de ella que no era la de hace diez años.

Adam

Él es el protagonista masculino, su nombre forma parte del título de la novela, y su personaje nos da a los lectores una lección sobre la percepción de la vida y el éxito. Adam es ciego. Pero además es músico, lo era antes de perder la vista, y ahora le cuesta volver a sentir la conexión que siempre tuvo con la música. Pero su ceguera no es el problema, sino una perspectiva nueva.

Charlotte

Lottie es estadounidense y está en Londres de forma temporal, estudiando por una promesa que hizo. Pero no quiere saber nada de nadie, ni de sus vecinas, ni de sus compañeros de facultad ni mucho menos de la música. Ella es el misterio. Y a mí, particularmente, la autora ha conseguido generarme ese malestar en las primeras páginas que provoca un personaje con la carga emocional de Charlotte, tan desencantada, tan triste y tan dolida. ¿Cómo? Analizándolo ahora, creo que fue la lluvia constante, los recorridos interminables en bicicleta, los cambios de opinión, la actitud y la reserva frente a la amabilidad ajena… Muy bien hecho.

 

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Foto del momento en que nos conocimos

Folie

Es la partitura que espera ser terminada, la otra mitad del título, un regalo que el tiempo le hace a Adam y a Charlotte, la “locura” de la pasión. Es el nexo, la excusa y, además, es un personaje en sí misma con una historia propia que abarca muchas vidas.

La familia

Concepto muy mediterráneo y, por qué no, universal, que aparece representado en las novelas de la autora como una constante y La partitura no es menos. No siempre es familia de sangre, también la hay de afecto y amistad. De hecho, haciendo memoria, en los libros de Anna Casanovas no recuerdo ningún ejemplo de familia laboral, tan presente en muchas novelas de distintos géneros y en la realidad misma.

 

Royal Opera House en Londres
Royal Opera House en Londres

Identidad propia

Tras el miedo y los secretos, lo que se esconde en La partitura es la búsqueda de una identidad propia por parte de los personajes, la necesidad de ser ellos mismos. Y eso, aunque parezca lo contrario, no es nada sencillo. El entorno, las expectativas de los seres queridos, las ideas preconcebidas, el juicio de lo demás… todo eso limita, nos limita a todos, a la hora de ser y actuar. Y, en esta novela, Anna Casanovas nos muestra cuán importante es encontrar nuestra esencia, nuestra identidad y, con ella, luchar por nuestros verdaderos deseos.

Luego está Londres, el ambiente de la música, el París de Chopin… En fin, dadle una oportunidad, porque merece mucho la pena.

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