Creo que todos tenemos determinadas preferencias al realizar tareas, disfrutemos de ellas o no. Me gusta pensar que ejercemos nuestro particular modus operandi, que quizás es incluso una manera inconsciente de apropiarnos de la actividad en vez de ella de nosotros.

En mi caso, tengo unas pocas “preferencias” de estas, todas ellas justificadas por razonamientos con una base sólida que argumenta bla, bla, bla. Sin excusas, son manías. Unas más disparatadas, otras más extrañas y otras seguramente hasta compartidas. Si eso lo llevamos al campo de la lectura, lo que salen son manías lectoras.

Aquí va un listado de algunas manías, esta vez exógenas a la propia lectura, que tengo cuando leo un libro.

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Entorno óptimo de lectura

Empecemos por algo “suave”, la tranquilidad. Necesito un entorno acorde a lo que estoy leyendo. No me refiero con esto a que si la novela está ambientada en una plantación algodonera, me tenga que ir al campo o a una farmacia.

La idea es evitar ruidos molestos, gritos de vecinos, conversaciones en medios de transporte, requerimientos varios de personas que pululan alrededor, el martillo hidráulico perforando el suelo de la calle… Todo eso puede estar ahí mientras leo las noticias o busco algo en internet, incluso si estoy manteniendo una conversación —no demasiado intensa— por WhatsApp o Line.

El problema no es no enterarme bien de lo que esté leyendo, sino cómo todos esos factores impiden que me concentre en las sensaciones que se describen en la lectura. Y, de alguna manera, se convierten en distancia, distancia entre la historia y mis emociones.

Palabra positiva

Suelo, porque me gusta, detener la lectura en una palabra bonita, positiva, esperanzadora, que designe algo bueno, como si esa palabra fuese la que va a marcar el resto del tiempo que va a transcurrir hasta la próxima vez que pueda regresar al libro y retomar la historia.

No necesariamente ha de estar al final de una frase, ni siquiera tiene por qué estar describiendo algo positivo. Porque solo necesito esa palabra, cerrar los ojos durante medio segundo justo después de mirarla, mientras cierro o apago el libro.

Fragmento del comienzo de La tía Tula, de Miguel de Unamuno
Fragmento del comienzo de La tía Tula, de Miguel de Unamuno

Opción de búsqueda

Leer en digital o en papel, me resulta indiferente, más o menos. Casi todo lo que leo por placer ya es en digital, aunque me acostumbré a leer en pantalla por asuntos entonces laborales. Así que se puede decir que fue más por obligación que por devoción, pero eso al final lo incorporé al ocio y ahora ya no me importa el formato, la cuestión es leer.

Sin embargo, me he acomodado a la opción de búsqueda de palabras clave. Sí, soy de las que piensan “pero… ¿no dijo que dejó las llaves en el aparador, al coger el candelabro para abrirle la cabeza? ¿Cómo entró luego en su casa, entonces?”, y vuelvo a buscar el párrafo donde lo decía. Eso en papel, como es obvio, no me resulta tan fácil.

Así que, a priori, tengo dos opciones. La primera es hacerme la sueca y acallar la insidiosa vocecita interior que me está recordando durante el resto de la novela, ¡y más allá!, que se dejó las llaves en el aparador. Y la segunda es perder un poco de tiempo en buscar a la antigua usanza el pasaje donde lo explica, aunque eso conlleve detener la lectura y el avance de la historia.

¿Con qué opción me quedo? Cada uno que saque sus propias conclusiones…

Construir frases

Esto va a parecer un poco friki, más todavía, pero está “justificado por razonamientos con una base sólida que argumenta bla, bla, bla…”, ejem. En ocasiones, cuando lo que estoy leyendo quizás no es demasiado… atrayente, me dedico a hacer frases con las últimas palabras de cada página. Ya está, ya lo he dicho.

Reconozco que esto puede llegar a ser un poco irritante al principio (no lo hagáis en casa), porque es un follón, las palabras se olvidan, al volver a buscarlas saca de la lectura, es una distracción constante… Sin embargo, para mí es un buen ejercicio, porque ayuda a forzar a la mente a concentrarse en dos hilos, a retener listados de palabras en un orden determinado y a veces incluso tienen hasta sentido.

De hecho, he observado que en determinadas novelas, donde el vocabulario es reiterativo o se insiste una y otra vez en las mismas explicaciones abusando de un campo semántico limitado, esos intentos de oraciones podrían encajar justo tras el punto y seguido con el que cierran.

Leer antes de dormir

Me encanta leer a cualquier hora. Pero, a veces, unos breves minutos de lectura me ayudan a dormir, porque consiguen que mi cabeza se centre en otros temas que no sean personales, preocupaciones, momentos desagradables del día o tareas por resolver. Y aunque he perdido la cuenta de la cantidad de veces que me he desvelado leyendo, sigo prefiriendo un libro a una caja de pastillas (¡Vade retro!).

Pero… me sucede una cosa, y aquí es donde viene lo raro de esta “costumbre” (no sé si se puede llamar manía) que mantengo a pesar de todo. Al adormecerme mientras leo, voy desconectando de la realidad que me describe el libro. Empiezo un párrafo, me pesan los párpados, sigo con otra frase… pero Morfeo gana posiciones y se me cierran los ojos, aunque mi mente continúa “leyendo” y hace que los personajes mantengan diálogos que no tienen nada que ver con lo que realmente pone en el libro. Ni contexto ni hilo argumental, a veces ni siquiera son los mismos personajes, es decir, me monto unas películas tremendas. A los pocos segundos, abro los ojos de nuevo y veo que allí no hay nada ni remotamente parecido a lo que estaba ocurriendo en mi cabeza.

Lo preocupante es que me gusta cuando sucede…

¿Vosotros tenéis alguna manía lectora? ¿De las que se pueden compartir? ¿Me la contáis?

2 comentarios en “Manías lectoras

  1. ¡Hola! Me han llamado mucho la atención 2 manías, la de construir frases con las últimas palabras de las páginas y la de construir tramas paralelas cuando te estás quedando dormida. La segunda pueden ser alucinaciones hipnagógicas. Un fenómeno absolutamente normal.
    Me ha gustado mucho eso de detenerse en las palabras que hagan referencia a algo bonito. Mola.
    Y comparto la necesidad de que el ambiente acompañe: ¡el silencio! No para enterarme sino para aprovechar bien la lectura. No sé cómo hay gente que Lee en cualquier parte realizando otras actividades, ¿qué modo de leer es ese? Desde luego no uno plenamente consciente y así realmente no se vive lo que se lee. Digan lo que digan. Aparte de los preligros que supone…
    Me alegra mucho que hayas vuelto. Espero que sigas por aquí.
    ¡Bienvenida de nuevo!

    Le gusta a 1 persona

    1. Vaya, alucinaciones hipnagógicas… Nunca lo había escuchado, pero voy a investigar un poco a ver de qué se trata.
      El silencio es básico, muchas veces, y leyendo es una de esas ocasiones. No es lo mismo leer que le ha revelado por fin el secreto que lleva páginas y páginas ocultando, mientras estás en silencio y embebida en ese microcosmos que genera el libro, que mientras oyes de fondo “¡tía, que han echado a Fulano de Gran Hermano!”
      Lo de construir frases con las últimas palabras es, como comentaba, una manera de ejercitar la memoria, que tanta falta me hace.
      ¿Tú no tienes manías lectoras?
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

      Me gusta

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