Probablemente, algunos al leer “paja descriptiva” hayan pensado en alguna suerte de práctica onanista. Quizás una en la que se vayan narrando con todo detalle las maniobras masturbatorias mientras se llevan a cabo. O, se me ocurre otro método, sin tocar físicamente, sino a través de la descripción para conseguir que la otra persona alcance el clímax. O puede que…

¡Un momento!

¡Dejémonos de “pajas mentales”!

Porque esta entrada, con título cortesía de mi querida @eiraasynjur, no tiene nada que ver con la sexta acepción del diccionario (“acción que consiste en estimular los órganos sexuales de una persona o los propios con las manos, mediante caricias o por otro medio, para proporcionar u obtener placer sexual”), sino con la quinta (“parte poco importante o con poco contenido de un escrito, un discurso, etc., que está como relleno pero no aporta nada sustancial”). Al menos, eso es lo que responde Google cuando le preguntas.

Pantallazo de la definición de paja en Google
Paja, definición del diccionario de Google

Es decir, me refiero a la paja de relleno que encontramos en algunas historias, en concreto libros. Sí, en las series, por ejemplo, también se hace. Se incluyen personajes que no aportan nada al desarrollo de la trama y se desperdician minutos y minutos en escenas que no enriquecen la experiencia del espectador sino que desvían su atención e incluso hacen que, como me sucede a mí, se pierda todo el interés. Pero eso ya no es paja descriptiva, sino otro tipo de paja a la que todavía no le he encontrado adjetivo. Se aceptan sugerencias…

Ese relleno en los libros suele ser, por lo que me dice mi limitada experiencia, a través de descripciones del entorno, las emociones, las circunstancias, el vestuario, los rasgos físicos… que, con cuestionable eficacia, consiguen alargar la historia en páginas pero no en contenido. Y, al final, el resultado es una novela de quinientas páginas en vez de doscientas cincuenta.

Todo esto me recuerda a lo que nos decía un profesor del instituto al hacer los exámenes: no puntúa al peso.

Comprendo que en obras escritas hace doscientos años, esto sucediese. Muchas de ellas se publicaban en periódicos y revistas, iban por entregas que cuanto más durasen en el tiempo, más cobraba el autor o la autora. Ahí sí que era al peso.

Pero, además, es lógico que las descripciones fuesen parte esencial cuando muchos de los lectores no habían visto ni experimentado la mayoría de circunstancias que se detallan en esos libros y el consumo de estos, es decir, leer se convertía en todo un acontecimiento que muchas veces se realizaba en grupo.

Forbiden Books de Alexander Mark Rossi
Forbiden Books de Alexander Mark Rossi

Sin embargo, hoy en día, en la era de internet, de la accesibilidad e inmediatez, en la que todos tenemos montones de imágenes mentales de casi todo y si no, lo buscamos, me cuesta entender el sentido de una descripción donde no me digan que uno de los personajes se apoya en una viga de madera antigua, sino que me expliquen los dibujos que conforman las vetas que tiene la madera, cómo era el árbol del que la extrajeron, en qué zona estaba el bosque donde había crecido ese árbol, los cambios demográficos y políticos que llevaron a ese bosque a ser talado hasta esquilmarlo, la empresa maderera que acometió tal proeza, cuándo fue creada y de dónde provenían sus fundadores, la maquinaria más o menos rudimentaria que emplearon hasta que uno de los hijos del dueño contrajo nupcias con la joven viuda de un terrateniente que había invertido en el ferrocarril… Mmm, perdón, ¿de qué estábamos hablando? ¿Dónde está mi personaje, el que se apoyaba en la viga de madera antigua? No de antigua madera, porque esa es otra.

Anteponer los adjetivos a los sustantivos no hace que una descripción excesiva sea menos fútil, ni más poética. A veces, es necesario porque el orden modifica el significado. Otras, porque quizás sintácticamente ayude a imprimir una intencionalidad. Pero el abuso, al menos a mí, me transmite un intento torpe de grandilocuencia.

Aunque, como todo, bien hecho es digno de admiración. Una descripción de elementos relevantes dentro de la trama de la historia, con una documentación que la sustente y la sutilidad justa para proporcionar datos sin caer en el efecto Wikipedia (me lo acabo de inventar, pero me entendéis seguro), es uno de los motivos que anotan puntos en ese marcador imaginario que tenemos los lectores. Porque leer también es aprender.

Pero si no aprendes, porque la información que te están proporcionando no es enriquecedora ni te aporta detalles pertinentes para la historia ni tampoco cultura para satisfacción personal, sino pura paja descriptiva para rellenar, cual espantapájaros, páginas y páginas, ¿qué menos que te permitan ejercitar la imaginación?

Considero que la libertad es importante, la libertad para expresar, para elegir, para crear… y para imaginar, para fantasear a nuestro antojo dentro de esa novela que estamos leyendo, para rellenar los pequeños huecos que deje el autor o la autora con nuestro propio color para apropiarnos, de alguna manera, de esa historia y convertirla en un poco nuestra.

Así que confieso, ante la reiterada paja descriptiva, opto por leer en diagonal que se llega, ¡oh, sí, sí, así!, se llega igual.

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2 comentarios en “Paja descriptiva

  1. Toda la razón tienes. Las pajas descriptivas, aparte de dejar en evidencia la manifestación del ego del autor o las exigencias de la editorial en cuanto al número de páginas (no sé si esto es así, ¿las editoriales marcan la extensión de las novelas?), aparte de todo eso, es que aburren, hacen perder el tiempo y lo coartan la imaginación del lector. Así que lo mires por donde lo mires las pajas descriptivas son una falta de respeto del que escribe hacia el que lo lee. Punto pelota.
    PD: ¡que hagan spin-off de la joven viuda hija del terrateniente! Así les sale otro libro y dejan de tocarnos las narices con la madera 😝
    Buena entrada, Ingrid. Me alegra que hayas retomado el blog 😘
    ¡Un beso!

    Me gusta

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