Amistad: historias necesarias

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Hace un par de días o así, me llegó el enlace del anuncio de Tenemos que vernos más (aquí el enlace), que ahora mismo no tengo ni idea de qué promociona, pero es noticia en todas partes porque se ha convertido en viral, quizás en gran parte por su capacidad indiscutible para emocionar. En el vídeo se muestran a varias parejas de personas unidas por la amistad pero separadas porque, supuestamente, miran todos demasiado el móvil en vez de quedar con los amigos, gente a la que aprecian muchísimo y es realmente importante en sus vidas.

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Tenemos que vernos más, captura de pantalla del anuncio en el momento que le echan las cuentas a la amistad de Ramón y María Jesús

Y hace un ratillo en el mismo “foro de debate”, también conocidos como grupos de Whatsapp, han compartido un artículo de un periódico (aquí el enlace) donde la redactora se queja por las mil y una circunstancias que no nos permiten disfrutar de nuestros amigos frente a frente, más allá de nuestra tendencia a mirar constantemente la pantalla del teléfono. Es decir, lo que imagino que pensamos la mayoría, en vez de reprocharnos el uso del móvil, que por otra parte suele ser el medio más cómodo para poder seguir manteniendo en nuestro día a día a aquellos que las exigencias de la sociedad se empeñan en robarnos.

Sin embargo, confieso que mientras veía el anuncio, antes de llegar a las reflexiones profundas (espera, que si cambio el orden crearé una falsa apariencia de intensidad) las profundas reflexiones sobre lo desgraciados que somos por no verles las caras a nuestras personas queridas por estar comentando con desconocidos la bronca de Noemí Galera a los chavales de Operación Triunfo, lo que yo estaba pensando era: “ay, sí, qué amistad tan bonita… pero contadme, contadme cómo se conocieron, qué los unió, por qué están distanciados (no me vengáis con la milonga de los móviles), cuál es su historia, I wanna know!”. Pues, no, pim, pam, pum, fuego y se acabó. Vamos, como determinados asuntos con algunos, ejem. Y… aquí también me quedé con las ganas.

No descarto que este repentino interés se deba a mi falta de lectura por ocio (y salud mental, que ya se va resintiendo, como estaréis comprobando), pero me hizo pensar en las amistades, las que todavía me sobreviven (¡que no es nada fácil!), las que se esfumaron por arte de birlibirloque, las que terminaron como el rosario de la aurora, las que vuelven como El Almendro o los pantalones de campana, las circunstanciales que pegan más que el Loctite hasta que se les echa disolvente, las que se enturbiaron por otras pretensiones hasta perderse (cumplidas las pretensiones o no, no entremos en detalles ¡todavía!), las que comienzan en los lugares más inesperados, las que nos empeñamos en tener porque creemos desde lejos que esa persona merece mucho la pena, las que te empujan y piensas que lo hacen para tirarte al suelo pero luego comprendes que solo trataban de hacerte saltar más allá (o no, que hay mucho malaje suelto), las que desprecias a primera vista, bueno, a segunda, y se lo dices en su cara (¡que no pregunten!) pero después te demuestran que solo fue un mal día o simple despiste…

Sí, detrás de todos estos ejemplos hay una historia… ¡o varias! ¿No os habéis quedado con las ganas de saber? ¿No? ¿Sí? Entonces, quid pro quo, contadme alguna de vuestras historias de amistad en los comentarios.

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Dos amigas se abrazan al reencontrarse en el anuncio de Tenemos que vernos más

Es eso o me tendré que leer alguna novela de literatura juvenil, porque parece que es uno de los pocos géneros donde se muestra el valor inestimable que tiene la amistad en el desarrollo y crecimiento de los seres humanos. ¡Nos hacen falta más historias de amistad!

Mientras, cuidad de vuestros amigos aunque no podáis verles las caras, ¿vale?

 

Gracias a @mysticnox por el vídeo del anuncio y a @SandraMir por el artículo de eldiario.es